Boletin Nº2

La educación que se aplica en nuestro país es, claramente, ineficiente. Es aterrador pensar que el mejor estudiante de Chile (o sea, pensemos en el más mateo del Nido de Águilas), tiene una preparación académica equivalente a la del estudiante más flojo o porro de Inglaterra. La realidad es cruda, estamos a años luz de los países europeos o de la soberbia Cuba.
Entonces, es evidente que la educación necesita una reforma profunda, desde las bases y no cambios superficiales con implementación de leyes que muchas veces tienen una dudosa aplicación.
Siempre que se habla de reforma educacional se piensa en el aumento de los recursos económicos, en la estatización de la misma y en el modo de ingreso a la educación superior. Sin embargo, algo se ha quedado en el tintero para salir a la luz en este momento: El fin del lucro.
Actualmente funcionamos con un sistema educativo que se acomoda al sistema capitalista en el que estamos insertos. Las leyes que regulan al mercado de la educación son bastantes flexibles y no ponen dificultades mayores a los sostenedores de los diversos establecimientos educacionales que hoy en día funcionan de forma privada o subvencionados por el Estado.
Es por eso que lo que debemos hacer es estatizar en un 100% la educación, de forma gradual, partiendo por los municipales y subvencionados. Sólo así el Estado tendrá un control real de la situación. Obviamente esto no será posible si no se elimina la posibilidad de generar ganancias educando al prójimo. Mientras exista esta oportunidad siempre habrá corrupción en materias educacionales, pues no faltará un capitalista interesado en beneficiarse a costa de la ignorancia de muchos.
Y por favor no olvidemos el verdadero significado o la verdadera labor que tiene la educación. A diferencia de lo que muchos creen, educar no consiste en entregar conocimiento para ser memorizado por el estudiante. Todo lo contrario. La educación es una labor compartida, donde el profesor se encarga de darle herramientas intelectuales al estudiante, para que éste pueda, a través del pensamiento, generar su propio conocimiento. Una vez comprendido este proceso, podemos entender que no es compatible que esta relación genere ganancia o lucro a un capitalista que probablemente no ha hecho nada por la instrucción del estudiante en cuestión. Pues la educación se encarga de formar a un individuo en el sentido intelectual, físico y el más importante y delicado, el ético y moral. Por lo tanto, cuando un estudiante se instruye en un establecimiento privado, con evidentes fines de lucro, está recibiendo un mensaje ético contradictorio. Puesto que la educación es un regalo, un derecho, ¿por qué alguien debe beneficiarse de tan preciado patrimonio?
Por eso exigimos estatización de la educación, para acabar con el fin del lucro, pues transforma una noble labor en un sucio negocio. No queremos fábricas de salchichas, donde la calidad del producto se vea disminuida en función del tamaño del bolsillo empresarial. Queremos verdaderos templos del saber, que no estén corrompidos por el papel verde. Porque la instrucción del pueblo es lo primero y debe estar protegida de los vicios que trae el vil dinero.

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